El ayuno como clave para las otras prácticas cuaresmales (limosna y oración) y como herramienta para el auto-conocimiento.
El ayuno principalmente es dejar de hacer algo que me agrada para regalarle a Jesús ese “sacrificio” recordando el gesto de inmenso amor que Él realizó por nosotros en la Cruz. Tradicionalmente lo interpretamos como no comer, o dejar de comer carne los viernes de cuaresma y el viernes santo. Pero el ayuno no se reduce a la comida, fundamentalmente es ser capaz de “soltar” aquello que me “ata”, en otras palabras, liberarme de algunas cosas.
Puede optarse, por ejemplo, por el ayuno de palabra, de la crítica al otro, que tanto daño hace al criticado y al que critica, ayuno de observaciones negativas, de comentarios destructivos…. En fin, puede ser ayuno de las cosas o situaciones que nos damos cuenta que nos distancian de Dios y de los demás (el alcoholismo social, el afán de consumismo, pensar todo el tiempo en comprar cosas que en realidad no necesitamos tanto, empeñarnos con relaciones que no nos hacen bien etc.).
Ahora bien, en cuanto al auto-conocimiento, puede resultar ser una herramienta de gran ayuda para descubrir en qué medida somos “libres” de muchos hábitos (vicios, en algunos casos), muchas veces creemos que podemos prescindir de tantas cosas… y cuando lo intentamos nos damos cuenta de cuánto nos cuesta. Y si cuando lo descubrimos podemos ahondar en nuestros sentimientos, si nos atrevemos a hacerlo ¡Mucho mejor! Porque es una gran oportunidad para descubrir los motivos más profundos de nuestras dependencias. Un ejemplo sería la televisión prendida innecesariamente, sólo para hacer “ruido” o más triste “para que me haga compañía” como hemos escuchado o dicho muchas veces, eso escondería, por poner ejemplo hipotético, la necesidad de huir del silencio que me enfrenta con migo mismo/a que descubre lo que me agrada y lo que molesta de mi, de mi historia y/o de mi situación, el silencio me ayuda a propiciar un clima de oración. Otro ayuno saludable sería el uso no-constructivo de Internet (horas y horas sentado/a a la computadora sin saber para qué y no preguntarnos seriamente el por qué).
Plantearnos seriamente la capacidad de ayunar de todas estas cosas nos ayuda a descubrir el verdadero sentido que las mismas pueden tener en nuestra vida, nos ayuda a confirmar con nuestra experiencia que “trascendemos” a todas ellas y que la libertad genuina es la capacidad de elegir aquello que me hace más dueño/a de mí mismo/a, en definitiva, aquello que me acerca a Dios.
Para finalizar les comparto los consejos de un autor anónimo:
Ayuna de juzgar a otros, descubre a Cristo que vive en ellos.
Ayuna de palabras hirientes, llénate de frases sanadoras.
Ayuna de descontento, llénate de gratitud.
Ayuna de enojos, llénate de paciencia.
Ayuna de pesimismo, llénate de esperanza cristiana.
Ayuna de preocupaciones, llénate de confianza en Dios.
Ayuna de quejarte, llénate de aprecio por lo maravillosa que puede ser la vida.
Ayuna de las presiones, llénate de una oración que no cesa.
Ayuna de amargura, llénate de perdón.
Ayuna de darte importancia a ti mismo, llénate de compasión por los demás.
Ayuna de ansiedad sobre tus cosas, comprométete en la propagación del Reino.
Ayuna de desaliento, llénate de entusiasmo de la fe.
Ayuna de pensamientos superficiales, llénate de las verdades que fundamentan tu personalidad.
Ayuna de todo lo que te separe de Jesús, llénate de todo lo que a EL te acerque.
Marcela Ines Perez


Está bueno purificar el concepto de ayuno. Ayunar puede significar también hacernos un BIEN MAYOR. Gracias por el post!
Muy buena reflexión.
Sirve para sacarnos de la cabeza que el ayuno es solo de comida y que el sacrificio realmente Jesús lo vé si es algo que verdaderamente nos cuesta y decidimos ofrecerlo. Sino recuerden a Abraham…
Creo que este tipo de ayunos, agradarían más a nuestro Padre Celestial. Dios les bendiga